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   @DiariodeunMosquito - 2011 - Todos los derechos reservados

EN ALGUN LUGAR DE RUSIA 

[...] Hemos encontrado alojamiento en una especie de hostal de mala muerte. Está perdido en medio de la carretera. No hay ninguna población cercana a varios kilómetros a la redonda, sin nada alrededor, sólo tierra, arena y pequeñas montañas y, efectivamente, cumple al dedillo la definición de «antro de mala muerte».

 

‑Esto es la versión cutre de abierto hasta el amanecer ‑comenta Ati (mi compañero de viaje) nada más verlo.

‑Killoooo... Como esta noche haga viento esto se nos cae encima a pedazos –le contesto.

 

El local es un edificio de planta baja pintado de varios colores diferentes. La fachada es de ladrillo, el resto es de madera forrada de papel (por no decir planchas de plástico). Nos ofrecen guardar las motos en la parte trasera de la casa donde tienen un patio con una valla de madera y el típico perro porculero, de ésos que sólo se alzan medio palmo del suelo y no paran de ladrar.

 

Entramos por una diminuta puerta de entrada por la que mi compañero de viaje casi no cabe. Ya en el interior nos encontramos unas mesas y una pequeña barra. Junto a la pared hay unas peceras con el agua verde y los cristales llenos de mierda. Y sí señores, había peces y lo peor... Aún estaban vivos.

 

Pasamos a ver nuestra «suite» e inmediatamente pienso: «Ojú... Lo que nos vamos a encontrar dentro». Sólo tienen dos habitaciones y todas con varias camas. Nuestra habitación tiene cuatro camas con una colcha con polvo de algunos lustros y una televisión que se encendió por última vez en tiempos de Lenin. Todas las tuberías están a la vista y algunas están adornadas con enredaderas de plástico a modo de adorno, el suelo es de tablas de madera cubierto con unas losetas de plástico a cual más coja, y las paredes tablas de madera empapeladas.

 

Al soltar las cosas nos damos cuenta que tenemos una habitación compartida con insectos voladores variados y alguna que otra cucaracha que, seguramente por timidez, huye a esconderse debajo de una cama al vernos llegar. Cuando estamos en silencio podemos escuchar corretear algo por las tablas del techo. Suponemos que, una de dos, o son ratones o son cucarachas como castillos.

Hacía años que no dormía en un sitio tan...«elegante».

 

Ya instalados, me armo de valor, me coloco las chanclas y voy a pegarme una ducha. Entro en el cuarto de baño y veo que lo ha pintado Ágata Ruiz de la Prada: cada pared es de un color (amarillo, naranja, azul…). Al menos hay algo de alegría en este sitio, se ve que les sobró pintura de la fachada.

 

El váter está un lado y en el otro la ducha, con una alcachofa en el techo, una cortina de plástico con mas mierda que el rabo de una vaca y un largo grifo casi a la altura del pecho, perfecto para quitarte las pelusas del ombligo. Las tuberías y el agua huelen algo mal, más que ducharme me da la sensación que me estoy ensuciando aún más. A parte, esto se encharca que es un gusto y el agua me llega a los tobillos, menos mal que los remilgos y la delicadeza me los dejé al salir de casa y me quedo con el lado bueno de las cosas: al menos salgo fresquito de la ducha.

 

Pasado este trance vamos a cenar. La primera comida sólida en todo el día. Para variar, la carta está en cirílico y no la entendemos, por lo que decido pedir con el dedo, señalando lo que come un matrimonio de ancianos que hay en la mesa de al lado que parece que tiene buena pinta. Menos mal que el cutrerío del sitio es proporcional a lo bien que se come. Cenamos una especie de filete ruso con salsa, acompañados con pasta que nos supo a gloria [...]

 

[...] Ya con el estómago lleno nos fuimos a la cama a dormir, en este lugar, no hay otra cosa que hacer. Al entrar en la habitación vemos un par de visitantes dándose un paseo por el fondo de la habitación y escondiéndose en una grieta del suelo «Pfff.... Verás tú qué noche vamos a pasar».

 

Saco unos adhesivos de repelente de insectos para la ropa y los pego alrededor de la cama y en el cabecero, mientras Ati me dice:

 

‑Tío, que exagerado eres.

 

A los escasos segundos, comenzamos a escuchar ruidos en el techo, primero tímidamente, pero poco a poco parece que se va ambientando la fiesta.  Seguidamente escucho:

 

‑¿Te quedan más pegatinas de ésas? Dame unas pocas.

 

Ponemos los sacos de dormir en las camas, nos echamos también el spray repelente y hacemos una porra a ver a quien le picarán más insectos, apagamos la luz y poco a poco nos vamos durmiendo con el suave sonido de las carreras de los bichos por techo de fondo. 

 

A las seis y media de la mañana, ya estamos en pie y aunque parezca mentira, estamos enteros y tenemos todos los dedos: no nos han comido los bichos. [...]

 

 

EXTRACTO DEL LIBRO DIARIO DEUN MOSQUITO (Manuel Medina)
 

ESTA ENTRADA FUE PUBLICADA EN LA REVISTA OVERLAND MAGAZINE

http://overland-magazine.es/blog/1347/los-hoteles-mas-sucios-del-mundo-como-vamos-a-dormir-ahi




 

 

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